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La Llegada

La llegada de un bebé… lo transforma todo, dicen. Para empezar, transforma a una pareja en una familia, que no es poco. Transforma la luz que entra por las ventanas de la casa. Transforma el modo en que nos miramos y en que miramos el mundo. Transforma mi cuerpo, tu sonrisa, nuestros sueños.

La llegada de un bebé, cuando es deseada, es una llegada lenta, emocionante, inquietante y a veces ansiosa. Cuando es deseada, es una llegada que parece no llegar.

La llegada de un bebé, cuando es con la persona correcta, no importa si llega de mí o de ti, o de ninguno. No importa en qué cuerpo viva, porque mucho antes de llegar ya vive en mí y en ti.

La llegada de un bebé es, en cierto modo, impredecible. Hay mil cosas que no podemos predecir de su llegada. ¿Llegará bien? Llegará; eso seguro. ¿Pero llegará bien? Podemos esperar y esperaremos el tiempo que haga falta. Desearemos que el camino sea fácil pero, lamentablemente, este primer viaje deberá hacerlo sin consejos ni ánimos ni apoyos de ti ni de mí.

La llegada de un bebé es también un misterio. Es un misterio desde el primer minuto y no deja de serlo jamás. Ver en sus ojos tus ojos es un misterio. Ver en sus manos las mías es un misterio. Y ver todo lo que es suyo y sólo suyo… todo lo que compone este nuevo ser diferente de ti y de mí, pero a la vez hecho de ti y de mí… es un misterio.

La llegada de un bebé hace que todo sea más fácil y más complicado. Es más complicado vivir cuando tu vida ya no es la única vida, cuando tus miedos ya no son los únicos miedos, cuando sientes que un trocito de ti vive… sin ti. Y es más fácil vivir cuando el sol te ilumina a través de sus ojos, cuando en su cara ves más claro que nunca lo fácil que es en realidad vivir.

La llegada de una niña…

La llegada de una niña es algo mágico. Pero ya hablaremos de magia…

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