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La Vida No Es Justa | Audio – Reflexión Por Sandra Burgos

Transcripción del audio: La Vida No Es Justa

La vida no es justa. No lo será nunca y no pasa nada. Es así. Como tiene que ser. Cada ser luchando por su supervivencia. La vida no tiene que ser justa porque, si lo fuera, dejaría de existir.

¿Es justo que un león corra tras un bebé cordero y empiece a devorarlo antes incluso de que esté muerto del todo? El cordero diría que no es justo. Pero la verdad es que si el león no lo hiciera, el mundo entero dejaría de existir.

Porque por cada vez que tú te alimentas para vivir, otro ser debió dar su vida primero. Cuando caminas sobre el césped, cuando colocas una flor en un florero, cuando desinfectas tu bañera, cuando respiras… otros seres dan su vida en el proceso.

Y porque millones de espermatozoides renunciaron a la posibilidad de una vida cuando el universo decidió que tú debías vivir.

La vida es como debe ser. Aunque no siempre nos guste, aunque no siempre nos parezca justa. Y aunque a veces duela más de lo que consideramos suficiente.

¿Qué sentido tiene entonces luchar por nada? Pues tal vez ninguno o tal vez todo. Si el cordero se rindiera sin intentar sobrevivir, la vida dejaría igualmente de existir.

Porque la vida es eso. Prolongar nuestra existencia todo lo que podamos. Matando sin querer, o queriendo. Cerrando los ojos para no ver la injusticia que nuestra propia existencia supone para el mundo. Lloriqueando por lo injusta que es la vida con nosotros.

Cualquier intento de eliminar la injusticia del mundo es inútil, pero no tenemos más remedio que intentarlo inútilmente.

Porque es lo único que podemos hacer. Porque de vez en cuando encontramos una injusticia sin razón de ser, una que debe ser suprimida. Y esa injusticia tiene siempre el mismo nombre: crueldad.

Y conseguimos suprimir una injusticia concreta derivada de la crueldad y, entonces, sentimos que podemos cambiar el mundo, que podemos eliminar, igualmente, todas las demás injusticias. Pero no. Sólo la crueldad puede ser eliminada.

Y el mundo seguiría siendo un lugar inmensamente injusto, incluso sin ella. Y la vida seguiría siendo la mayor injusticia. Una injusticia irremediable. Una injusticia maravillosamente irremediable.

Y ahora… ocurre que cuando yo me fortalezco, tú te sientes débil. Cuando tú te enriqueces, yo me siento pobre. Cuando yo me engrandezco, tú te sientes pequeño. Cuando tú ganas, yo siento que perdí.

He ahí la verdadera injusticia: la de quien trata de restar fuerza, de restar riqueza, de restar grandeza a quien tiene la fortuna de tenerlas… y todo ello en nombre de la justicia, a favor de quien se siente débil, pobre y pequeño en comparación.

Y aun así. La vida es bella… injustamente bella.